Fueron días de lluvia sin descanso. Llovió y llovió hasta que se cansaron las nubes. Hoy por fin escampa y el arcoiris sale a presumir sus matices grisáseos. De nuevo, toda la ciudad, se asombrará de su falta de color. Yo ya no me asombro desde que las aguas perdieron su color avellana. Así son las tardes fuera de casa.